Redliberal ha tenido algún que otro cáncer y se ha terminado curando siempre. Hoy –sin entrar en más detalles- creo que tiene simplemente un grano adolescente, apestoso y antiestético en la punta de la nariz. Se llama Fonseca.
Personalmente, que un tipo viva para postear una vez al día y conseguir alcanzar el primer puesto de este agregador ya me parece señal suficiente para juzgar al fulano en cuestión y despreciarle. Estoy en mi derecho. Que además quiera alcanzar sus objetivos a base de titular con llamadas al sexo y al taco mal puesto –San Camilo José Cela, bendito sea, alababa y practicaba mucho el uso del taco a la vez que insistía en la sabiduría que el mismo debía conllevar- me parece repugnante. Que para más inri uno pique alguna vez y se encuentre con un tipo que ni sabe escribir ni sabe redactar –Umbral señalaba con mucha mala leche la diferencia- y que trata los temas con tremenda gazmoñería y simplicidad a uno llega a cabrearle por la pérdida de tiempo en que ha incurrido, aún a sabiendas. Pero ya que un día al tiparraco en cuestión le dé por decir las cosas que ha dicho en su último post le hace al que esto escribe a, de una parte, tomarse la inmensa molestia de contestarle y, de otra, cuestionar en voz alta su participación en Redliberal.
Sobre lo segundo, creo simplemente que en Redliberal sólo caben liberales y que el sentido del agregador es el de tratar temas de acuerdo a principios liberales. Partiendo de este simplismo, creo que todo aquel que venga a contar cuentos chinos y no sea liberal no debiera formar parte del proyecto. Es mi opinión. La decisión, evidentemente, compete únicamente al dueño y señor de la cosa que, por cierto, ha respondido mucho más concretamente que yo al hilo del mismo caso. Es difícil agrupar a todos los que son, pero relativamente fácil controlar que sean todos los que están.
Sobre lo primero, que es lo importante, simplemente apuntar que podría decirse mucho acerca del derecho penal tal y como actualmente se ha adueñado de la realidad vital en los países occidentales, constituyendo una de las fuentes más importantes de violación de derechos individuales.
A modo de trazos rápidos, diremos simplemente que lo que en un principio surgió como un modo de canalizar la venganza privada y que fue poco a poco desarrollándose a lo largo de la historia hacia modelos mucho más perfeccionados y eficientes en base a normas consuetudinarias, ha terminado por contaminarse hace relativamente poco de estatismo hasta llegar a convertirse en una de las principales ramas del derecho público, encargada de proteger, no la violación de un derecho individual, cierto y concreto con el fin de restituir el daño producido, sino a una sociedad fantasma en base a principios arbitrarios de un modo monopolístico y coactivo, caracterizado fundamentalmente por:
1.- La acción penal recae de manera monopolística en manos del poder estatal, ejercida con independencia de la voluntad de las víctimas, simples espectadores de un proceso al que asisten de manera ajena, como si no fuera la violación de un derecho propio el que realmente ha generado el origen del proceso. En este caso, el asesinato de una hija menor de edad, ni más ni menos.
2.- Los delitos o conductas punibles son definidas por la ley de acuerdo con lo que subjetivamente considere adecuado el aparato estatal compuesto por los señores de turno. De este modo, no es realmente la violación de un derecho lo que se juzga, sino la violación de una ley que puede o no proteger el derecho real de un damnificado (¿a quién daña la venta de drogas?). Asimismo, la catarata legal a la que se llega roza de manera tan escandalosa el absurdo que la ley debe defenderse de la propia ley, imponiendo una serie de trabas y obstáculos procedimentales que, lejos de configurar garantías reales de los ciudadanos frente al inquisidor poder estatal, en muchos casos no hacen sino alentar al delincuente (que le hablen a la madre de Sandra Palo de las garantías de alguien con 17 años cumplidos, por ejemplo).
3.- Las penas son manifestaciones del poder del estado, que persigue, por encima de castigar al criminal o restituir a la víctima o sus descendientes, disuadir al culpable y al resto de no cometer nuevos delitos y la “resocialización”. Con ello, el derecho penal no consigue sino convertirse en una fuente autónoma de violación de los derechos de la víctima.
Lo que tocaría ahora sería que el mindundi de Fonseca, el niño que quiere ser mayor a base de decir tacos y mearse en el suelo, aclarase en base a qué principios no son los padres de Marta, no ya los que tienen algo más que decir que sus admirados legisladores y juristas del copón, sino los únicos que precisamente tienen algo que decir. Los únicos.
Asimismo, toca que pague con el mayor de los desprecios párrafos como:
¿Quieres convertirte en un héroe, influir en los legisladores y sacar a media España a la calle “porque tú lo vales”? Está tirado, colega. No tienes más que conseguir que se carguen/maltraten a algún familiar tuyo. Sin más. No hace falta ni que te muevas del sofá. La gilipollez y el altruismo (valga la redundancia) se encargarán de convertirte en un líder de opinión.
Ya puedes ser un jurista del copón o quien te de la gana, que si quieres que realmente se te haga caso, basta con que seas el primer mindundi que tiene la desgracia de que hayan matado a su hija para que todos tomen tu palabra en serio. Aunque eso suponga saltarse la igualdad ante la ley y el estado de derecho para darte un trato de favor.
Pues lo dicho. Definitivamente, vomitivo.
PD: Que le aproveche, por cierto, la publicidad que este post le pueda dar. O mejor, que se le indigeste.
PD2: Si Dani responde más concretamente, veo ahora que Albert lo hace con la quietud torero/catalana que le caracteriza, y que a mi quizá me falte a veces…






















