Por segunda vez en este curso, Rallo ha aceptado nuestra invitación a venir a hablar sobre la coyuntura económica.
La conferencia tendrá lugar en el aula 14.1.1 del campus de Getafe de la UC3M a las 13:00.
Como siempre, la asistencia es libre.
Mañana miércoles, Rallo en la UC3M
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Coase y Becker estarán contentos
Cuentan que cuando Hoppe visitó la URJC en 2004 comentó acerca del Teorema de Coase que éste venía a ser como si la mujer violada tuviera que pagar al violador para que no lo hiciera (violarla digo). Puede parecer un poco brusco pero la verdad es que tiene razón.
Hablo de esto porque un menor de Sevilla ha estado pagando a una banda de violentos (también menores) para que no le dieran palizas.
Cuando las teorías no son buenas en sí mismas no puede serlo su aplicación y este ejemplo sirve para mostrar lo erróneo (y vomitivo) de defender según qué cosas.
Visto en Menéame.
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Imágenes de la crisis
Os “regalo” este espectacular reportaje fotográfico sobre la crisis que sufrimos. Las imágenes son sencillamente impresionantes. Diría que si un libro que explique la teoría del ciclo económico tuviera que ser ilustrado, sin duda el capítulo dedicado a la recesión debería estar acompañado de estas fotografías.
Sirva de reconocimiento a los economistas austriacos cuya teoría se muestra ahora más invulnerable que nunca y especialmente, por cercanía, a los compañeros del Instituto Juan de Mariana cuyo trabajo poniendo letra (y voz) a esta crisis es fantástico.

La primera de 35 joyas
Visto en Menéame.
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HOPPE EN ESPAÑOL
Varios escritos de Hans-Herman Hoppe han sido publicados ahora en español por la Universidad de Quito. Una buena oportunidad para acercarse a la obra de uno de los principales defensores de la Escuela Austriaca, cuyos textos se hacen fundamentales no sólo en el terreno económico, sino en el de la ética o la metodología.
Esta recopilación de ensayos de HHH, con el título “Libertad o Socialismo”, puede podéis leerlo online o pedirlo aquí.

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BENICIO DEL TORO EN APRIETOS
No hay término medio: quien se embute en una camiseta del Che Guevara o es tan rematadamente tonto que llega al punto de publicitar su ignorancia (llevo una remera del Che y no sé por qué, dicen en Argentina) o uno muestra su total acuerdo con las ideas asesinas, homófobas y clasistas, con lo que merece, cuanto menos, el mayor de los desprecios. Rematadamente tonto o malo malísimo. That´s the question.
Afortunadamente, pienso que la ignorancia es la que se lleva la palma en la inmensa mayoría de los progres libertadores de ropajes guevarianos. El último, Benicio del Toro, un pobre hombre que anda apoyando la causa de un fantasma que no existió con su última película. Al tipo le han contado que era un gran hombre, un luchador por la libertad, un buen salvaje empeñado en traer la paz al mundo. Y se lo creyó.
Por tonto, merece lo que le ha pasado con esta periodista bien informada. Lo mismo, por cierto, que le pasó a tanta gente que caminaba por París con las remeras del Ché, sin saber por qué, pero que se lo explicaron (no tiene desperdicio) los activistas de Bureaucrash.
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RONDA DE NOCHE, VERSIÓN BERLUSCONI
Berlusconi, ese cantante de cruceros metido a capo del gobierno italiano, ha vuelto a armar revuelo internacional. En esta ocasión, la mecha la ha prendido la aprobación de una ley que permite las patrullas de voluntarios –a lo reportero de Callejeros- que salgan a velar por la seguridad de sus vecinos, dada la alarma generada en el país a cuento de las últimas violaciones sucedidas.
Que un político tome una medida mínimamente liberal sólo puede obedecer a dos razones: el más puro y duro azar, o la extrema necesidad de tomarla –usualmente con vigencia limitada- ante la evidente incapacidad estatal de hacer frente al problema en cuestión. En cualquier caso, siempre sucederá que la medida en cuestión será más o menos parcial y nunca dejada a la plena libertad.
Y eso es precisamente lo que ha pasado en Italia. Un sistema policial centralizado/ineficiente que no da abasto y unos políticos que piden la ayuda de los mismos ciudadanos a los que usurpan el dinero que laboriosamente ganan para pagar a los que ahora tienen que ayudar a cumplir con su trabajo. Absurdo. Pero hay más. Resulta que, cumpliendo con lo que decíamos más arriba, los patrulleros no podrán ir armados y deberán, cuando descubran algún acto criminal, dar el alto, sacar el móvil del que se les hará entrega –no se sabe si con suficiente saldo- y llamar a los policías para que vengan a detenerlos. Absurdo bis. Porque la medida sólo puede tener sentido y ser de utilidad real si lo que realmente se produjera sería el reconocimiento del derecho de propiedad de los vecinos sobre sus calles y barrios, donde poder salir a patrullar/defenderse y de donde poder excluir a quien consideren oportuno.
Todo ser humano posee una innata capacidad creativa que le permite apreciar y descubrir las oportunidades de ganancia que surgen en su entorno, tratando de aprovecharse de las mismas. Así, las empresarialidad no es sino la capacidad típicamente humana para crear y descubrir continuamente, ex novo, nuevos fines y medios, que nunca están dados, cumpliendo con una función coordinadora a nivel social que, aunque involuntaria (el cervecero de Smith y esas cosas), es asombrosamente eficiente.
Por tanto, el problema ético no consistiría en cómo distribuir de manera “justa” lo que ya es, lo que ya existe, sino en fomentar la creatividad y la consiguiente coordinación entre los seres humanos (empresarios). ¿Cómo? Con el incentivo del respeto a la propiedad privada. De no ser así, su capacidad innata de crear y descubrir quedaría completamente bloqueada y, con ella, la cooperación social se vería continua y arbitrariamente trastocada. Por eso la medida de Berlusconi no es que esté incompleta, sino que es, tal y como está legalmente planteada, absolutamente inútil.
Mientras los ciudadanos italianos no tengan reconocida la propiedad de sus calles o sus barrios, mientras no se les permita cumplir con su poder de exclusión, sólo se conseguirá, de una parte, reducir los incentivos de los vecinos a buscar medios eficientes de seguridad en sus calles y, de otra, condenar al inevitable fracaso al trabajo de las personas que efectivamente decidan invertir buena parte de su tiempo en velar por la tranquilidad del resto, de una manera excepcionalmente altruista y desinteresada.
Quizá, eso sí, pueda conseguirse una mínima disuasión durante el tiempo –presumiblemente breve- que dure el interés de los vecinos en cumplir con una tarea condenada, como se ha dicho, a fracasar. Porque ninguna otra cosa puede esperarse de unas patrullas cuyo único arma de ataque/defensa es un teléfono móvil con el que alertar a la policía. La misma, por cierto, que ha hecho, con su inherente incapacidad, tener que recurrir al uso de la sociedad civil.
Berlusconi no incentiva las patrullas callejeras, sino niños acusicas.
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RODRIGUEZ BRAUN, REVOLCAO
“Igual que en la vidriera irrespetuosa de los cambalaches se ha mezclao la vida”, escribió Santos Discépolo en un tango que es más que un tango, que es una radiografía a la sociedad desnaturalizada a base de golpes y pisotones del siglo XX, que es una denuncia de los valores perdidos. Nada vale nada y ya todo es lo mismo. No hay principios claros, no hay buenos y malos y todo es relativo. Nos hemos empapado de igualdad y no puede uno alzar la voz denunciando a los mediocres sin el consecuente atropello de las locas vecindonas, antorcha en mano. La brújula de la moral no hace más que rodar y rodar y, de fondo, el ruido de las carcajadas de la muchedumbre, de la olorosa chusma que ayer saqueaba palacios y hoy se disputa púlpitos y minaretes.
“Vivimos revolcaos en un merengue y en el mismo lodo todos manoseaos”. Todos, sin excepción. Y en ese todos, claro, los liberales. Como no quisiera uno repartir carnés, toca cerrar la boca y tragar con la presencia de cualquiera. En todos los ámbitos. Desde la taifa de Redliberal hasta los pretenciosos Premios Hayek, del Club Liberal Español. Del mismo modo que en un sitio cabe de todo, en el otro se reparten galardones a diestra y siniestra, a liberales y socialdemócratas, a Rodríguez Braun y a Cristóbal Montoso.
“¡Todo es igual! ¡Nada es mejor! Lo mismo un burro que un gran profesor…”. Como si lo mismo fuera Carlos Rodríguez Braun, al que tanto le debemos tantos, al profesor que no se cansa de difundir ideas y principios claros, de defender la libertad y el mercado, de denunciar la acción del gobierno y el papel de los políticos… que el Sr. Montoro, diputado desde que aún no tenía pelos en la barba por diferentes provincias, secretario de estado, ministro de Hacienda, eurodiputado y, en definitiva, chupasangre y vividor.
“Es lo mismo el que labura día y noche como un buey, que el que vive de los otros, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley”. Y que nadie diga nada. Y que nadie oponga dudas. Al fin y al cabo, nada sabemos, nadie es quien para expandir etiquetas y lo bueno y lo malo depende de la posición del que lo mire. Amén.

PS: Cuaatro cosas: 1) El post se lo debo a Mary White, siempre alerta. 2) Mi más sincera enhorabuena al profesor Braun, que tanto merece el premio y tan poco los colegas de patíbulo -no sólo es Montoro. También anda, por ejemplo, Pepe Oneto…-. 3) Si alguien se siente aludido en el post, hará bien. 4) Feliz Cumpleaños, yosoyhayek, liberand.
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FONSECA, DEFINITIVAMENTE VOMITIVO
Redliberal ha tenido algún que otro cáncer y se ha terminado curando siempre. Hoy –sin entrar en más detalles- creo que tiene simplemente un grano adolescente, apestoso y antiestético en la punta de la nariz. Se llama Fonseca.
Personalmente, que un tipo viva para postear una vez al día y conseguir alcanzar el primer puesto de este agregador ya me parece señal suficiente para juzgar al fulano en cuestión y despreciarle. Estoy en mi derecho. Que además quiera alcanzar sus objetivos a base de titular con llamadas al sexo y al taco mal puesto –San Camilo José Cela, bendito sea, alababa y practicaba mucho el uso del taco a la vez que insistía en la sabiduría que el mismo debía conllevar- me parece repugnante. Que para más inri uno pique alguna vez y se encuentre con un tipo que ni sabe escribir ni sabe redactar –Umbral señalaba con mucha mala leche la diferencia- y que trata los temas con tremenda gazmoñería y simplicidad a uno llega a cabrearle por la pérdida de tiempo en que ha incurrido, aún a sabiendas. Pero ya que un día al tiparraco en cuestión le dé por decir las cosas que ha dicho en su último post le hace al que esto escribe a, de una parte, tomarse la inmensa molestia de contestarle y, de otra, cuestionar en voz alta su participación en Redliberal.
Sobre lo segundo, creo simplemente que en Redliberal sólo caben liberales y que el sentido del agregador es el de tratar temas de acuerdo a principios liberales. Partiendo de este simplismo, creo que todo aquel que venga a contar cuentos chinos y no sea liberal no debiera formar parte del proyecto. Es mi opinión. La decisión, evidentemente, compete únicamente al dueño y señor de la cosa que, por cierto, ha respondido mucho más concretamente que yo al hilo del mismo caso. Es difícil agrupar a todos los que son, pero relativamente fácil controlar que sean todos los que están.
Sobre lo primero, que es lo importante, simplemente apuntar que podría decirse mucho acerca del derecho penal tal y como actualmente se ha adueñado de la realidad vital en los países occidentales, constituyendo una de las fuentes más importantes de violación de derechos individuales.
A modo de trazos rápidos, diremos simplemente que lo que en un principio surgió como un modo de canalizar la venganza privada y que fue poco a poco desarrollándose a lo largo de la historia hacia modelos mucho más perfeccionados y eficientes en base a normas consuetudinarias, ha terminado por contaminarse hace relativamente poco de estatismo hasta llegar a convertirse en una de las principales ramas del derecho público, encargada de proteger, no la violación de un derecho individual, cierto y concreto con el fin de restituir el daño producido, sino a una sociedad fantasma en base a principios arbitrarios de un modo monopolístico y coactivo, caracterizado fundamentalmente por:
1.- La acción penal recae de manera monopolística en manos del poder estatal, ejercida con independencia de la voluntad de las víctimas, simples espectadores de un proceso al que asisten de manera ajena, como si no fuera la violación de un derecho propio el que realmente ha generado el origen del proceso. En este caso, el asesinato de una hija menor de edad, ni más ni menos.
2.- Los delitos o conductas punibles son definidas por la ley de acuerdo con lo que subjetivamente considere adecuado el aparato estatal compuesto por los señores de turno. De este modo, no es realmente la violación de un derecho lo que se juzga, sino la violación de una ley que puede o no proteger el derecho real de un damnificado (¿a quién daña la venta de drogas?). Asimismo, la catarata legal a la que se llega roza de manera tan escandalosa el absurdo que la ley debe defenderse de la propia ley, imponiendo una serie de trabas y obstáculos procedimentales que, lejos de configurar garantías reales de los ciudadanos frente al inquisidor poder estatal, en muchos casos no hacen sino alentar al delincuente (que le hablen a la madre de Sandra Palo de las garantías de alguien con 17 años cumplidos, por ejemplo).
3.- Las penas son manifestaciones del poder del estado, que persigue, por encima de castigar al criminal o restituir a la víctima o sus descendientes, disuadir al culpable y al resto de no cometer nuevos delitos y la “resocialización”. Con ello, el derecho penal no consigue sino convertirse en una fuente autónoma de violación de los derechos de la víctima.
Lo que tocaría ahora sería que el mindundi de Fonseca, el niño que quiere ser mayor a base de decir tacos y mearse en el suelo, aclarase en base a qué principios no son los padres de Marta, no ya los que tienen algo más que decir que sus admirados legisladores y juristas del copón, sino los únicos que precisamente tienen algo que decir. Los únicos.
Asimismo, toca que pague con el mayor de los desprecios párrafos como:
¿Quieres convertirte en un héroe, influir en los legisladores y sacar a media España a la calle “porque tú lo vales”? Está tirado, colega. No tienes más que conseguir que se carguen/maltraten a algún familiar tuyo. Sin más. No hace falta ni que te muevas del sofá. La gilipollez y el altruismo (valga la redundancia) se encargarán de convertirte en un líder de opinión.
Ya puedes ser un jurista del copón o quien te de la gana, que si quieres que realmente se te haga caso, basta con que seas el primer mindundi que tiene la desgracia de que hayan matado a su hija para que todos tomen tu palabra en serio. Aunque eso suponga saltarse la igualdad ante la ley y el estado de derecho para darte un trato de favor.
Pues lo dicho. Definitivamente, vomitivo.
PD: Que le aproveche, por cierto, la publicidad que este post le pueda dar. O mejor, que se le indigeste.
PD2: Si Dani responde más concretamente, veo ahora que Albert lo hace con la quietud torero/catalana que le caracteriza, y que a mi quizá me falte a veces…
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LA LIBERAL AGUIRRE SIGUE CABALGANDO
Conviene repetirlo sin cansancio: primero, el liberalismo español da pena; segundo, el liberalismo de Esperanza Aguirre es propaganda burda; y tercero, el liberalismo de los españoles que aplauden a Aguirre es –por decir algo suave- patético.
El movimiento se demuestra andando, ya se sabe, y los pasos de la Presidenta no hacen más que dejar huella sobre el largo y tenebroso camino de servidumbre del que habló largamente su admirado -¿leído?, ¿ojeado siquiera?…- Hayek. La última de doña ESPE –y ya van…- es la que nos ha organizado a los madrileñitos de a pie con la cosa del Teatro del Canal. Que se nos ha puesto kultureta, vamos, la Presi, y le ha dado por construir un teatro nuevo, colocar al enchufadillo –súper liberal también- de Boadella y aprovechar para ir metiendo funcionarios a borbotones, que hay mucho paro y esto no puede ser. Como Anson lo cuenta todo muy bien explicado, yo me callo, corto, pego y subrayo alguna cosa en negrita:
ESPERANZA AGUIRRE ha hecho exactamente lo contrario de lo que siempre ha defendido. Antes de ser concejalita del Ayuntamiento de Madrid proclamaba a los cuatro vientos y tempestades la superioridad de la iniciativa privada sobre la gestión pública, las ventajas de la sociedad de libre mercado y los fallos del sistema socialista.
Ahora ha olvidado sus prédicas de antaño y ha construido un edificio gigantesco destinado al teatro, en competencia arisca, clara, desleal, con los empresarios privados. El costo real de la operación, si sumamos el precio de mercado de los terrenos al de la construcción y otras bagatelas se mueve en el entorno de los 50.000 millones de pesetas. Con ese dinero, los empresarios privados hubieran situado a Madrid durante los próximos diez años en el puesto de cabeza de las grandes ciudades con actividad teatral.
Ciertamente, Esperanza Aguirre heredó el despropósito. Se trata de un edificio teatral de corte soviético al estilo de los que se construyeron en el Moscú comunista y otras capitales del Este europeo. Que eso saliera del magín de Alicia Moreno, cuya ideología es notoria, tiene alguna explicación. Que lo haya financiado y concluido Esperanza Aguirre no hay por dónde cogerlo. Que encima se gastara en el festolín de inauguración del teatro más de 200 millones de pesetas, menudo escándalo. Tras meses de espera, el pasado fin de semana se ha puesto en marcha por fin el teatro, con derroche de personal subalterno. Se tiene la esperanza de que la señora presidenta envíe a sus consejeros y consejeras a interpretar allí la comedia del espionaje y, a continuación, el vodevil de las contratas públicas con las correas desatadas.
Va de apuesta. Los madrileños que, a través de unos impuestos casi confiscatorios, hemos despilfarrado 50.000 millones de pesetas por este capricho comunitario, deberemos pagar en no demasiado tiempo a 500 funcionarios o empleados pues la voracidad de los políticos irá colocando en el Teatro del Canal a parientes, amiguetes, enchufados y simpatizantes, que chuparán todos del bote con entusiasmos recentales. En el Teatro María Guerrero y sus aledaños del antiguo Olimpia trabajan cerca de 300 funcionarios o empleados. En el Teatro Español más de 100. Enrique Cornejo gestiona magníficamente cada uno de sus teatros con una docena de personas. ¿Qué cantidad adicional deberemos pagar los madrileños por la calefacción, el aire acondicionado, el agua, la luz, el teléfono, la limpieza, el mantenimiento de ese gigantesco teatro? ¿Y cuánto nos costarán dentro de diez años los sueldos, las jubilaciones, las dietas, la seguridad social, los viajes, las vacaciones, las enfermedades, los gastos de oficina de los varios centenares de funcionarios y empleados que de forma inevitable irán poblando el inmenso edificio construido?
Ni una pega a la sabiduría, a la capacidad de Albert Boadella.Esperanza Aguirre ha acertado con el hombre que ha puesto al frente del Teatro. Es un maestro. Llegará un día, sin embargo, en que los socialistas gobernarán Madrid. ¿Qué pasará entonces con el Teatro del Canal? ¿Qué disparatado gasto habrá que sufragar? ¿Qué programación será impuesta por el sectarismo político? No parece muy difícil responder a estos interrogantes. Esperanza Aguirre podría hacerlo mejor que nadie.
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INTERECONOMÍA CONTRAATACA
Decíamos ayer que Wyoming es un crack. Hoy, desde luego, lo mantengo. Reconozco que, dado el tono que se había usado desde Intereconomía para criticarle –que su compañera no era periodista, sino que ejercía “la profesión más antigua del mundo” por haber hecho el papel de telefonista erótica durante un minuto en un programa pasado; cebarse con el “aspecto caballuno” de la cara del presentador y cosas del mismo estilo-, esperé con ganas a que ayer por la noche salieran en el Intermedio partiéndose de risa y desvelando que todo había sido una broma. Así fue, y me alegré mucho por ello.
Y me alegré, ya digo, no porque la imagen de Wyoming se haya limpiado, sino porque la imagen del presentador de Más se perdió en Cuba –y creo que director a la sazón de Intereconomía TV, nada menos- se haya ensuciado públicamente.
Tengo para mí que la prensa activista de la izquierda oficial es, en términos generales, vomitiva, sectaria y simplona. El problema es que tengo para mí también que enfrente se encuentra una prensa –activista de la derecha oficial- que, además de ser igualmente vomitiva, sectaria y simplona (busquen las 7 diferencias entre Enric Sopena y Curri Valenzuela, entre Carnicero y Buruaga…) lleva ya cinco o seis años dándosela de digna y haciendo gala de una falsa superioridad moral que se hace insoportable. Wyoming lo supo ver y atacó por ese flanco –vistiéndose de progre explotador-, logrando una victoria muy divertida.
Yo no sé –siguiendo aquella novela de Vargas Llosa- cuándo fue que se nos jodió la prensa en España, país con tantos periodistas en su historia de los que sentirse orgullosos, pero ha llegado un punto en que la mierda es la misma a una orilla que a otra. Por eso que alguien sea capaz de posicionarse a uno u otro lado y llegue a identificarse plenamente hasta el punto de perder la capacidad crítica y ver la realidad como el enfrentamiento de los “míos” contra los “suyos” resulta especialmente llamativo. Sobre todo ante casos como este donde si algo queda claro es la poca consideración hacia el espectador –su cliente- que toda esta gente tiene.
Creo en la libertad total de expresión como una manifestación del derecho de propiedad con el que nacen todos los hombres. Ninguna restricción debiera haber a lo que uno quiera o no decir. Ninguna. Sólo la buena reputación y el sano juicio de los espectadores deben configurar la vara de medir la calidad de los programas y las cadenas. Sólo la propia labor individual de las personas, el propio trabajo de contrastar e investigar informaciones puede dar como resultado una información más o menos veraz, más o menos objetiva. Lo demás es engañarse uno y caer en la humillación de defender a quienes a diario le toman el pelo.
Cualquiera de los medios actuales es susceptible de caer en la misma trampa. Les ha tocado a los más tontos. Lástima que ni siquiera tengan la dignidad de reconocer el error y envainarse una espada que les queda ridícula. No se trata de disculparse ante Wyoming –que desde luego también tiene lo suyo- sino ante los espectadores. Si ni a eso se llega, que al menos no respondan como han respondido, que todo tiene un límite…
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